Recién retirada, a Mariana Díaz Oliva le preocupa el futuro. Creará una academia e intentará ayudar a las chicas que surjan.

Mariana pide un cortado, que le traen al instante. Toma un sorbo, casi insignificante, y arranca la charla con Olé, cuatro días después de su retiro del circuito. Pasó poco tiempo, pero ya tiene proyectos en mente: "Siempre dije que cuando largara iba a estudiar periodismo deportivo. Noto que la mayoría de los periodistas de tenis se equivocan mucho en el análisis que hacen, especialmente en los partidos de mujeres que se transmiten en la tele. A veces dicen ''esta jugadora es desconocida'' y la mina tiene cinco títulos WTA o le ganó a una top ten. Yo creo que podría ser útil: cuando veo un partido, me doy cuenta si tal jugadora se va a cagar o no, sé qué es lo que está sintiendo en ese momento... Igual, voy a postergar el estudio un tiempo, tengo otros planes por ahora".

—¿Cuáles?

—Primero, voy a casarme y a pensar en formar una familia junto con mi novio, Pablo. Pero, además, quiero seguir ligada al tenis. Con María José Gaidano (NdeR: ex tenista) y mi hermano Diego vamos a manejar una academia. La idea es crear un centro de alto rendimiento, pero con precios razonables. Tener un nombre dentro del tenis no me da derecho a cobrar lo que me dé la gana. El tema económico es clave: muchas chicas dejan de jugar porque no tienen recursos.

—Cuando decís chicas, ¿significa que será una academia para mujeres?

—No, la idea es que los chicos también practiquen. Aunque, desde mi lugar, quiero ayudar especialmente al tenis femenino. Está muy claro que en este país, los varones tienen más chances de progresar: hay un ATP, un challenger, un montón de futures...

—¿Y las chicas?

—Tienen pocas posibilidades de mostrarse. Hay algunos torneos ITF, pero no alcanza. Me preocupa el momento que pasa el tenis femenino: yo me retiré, Paola Suárez parece que lo hará en 2007; sólo quedan Dulko, Salerni y Clarisa Fernández. Si no se trabaja en serio, el tenis femenino desaparece en Argentina.

Cinco minutos después del primero, Mariana toma un segundo sorbo del cortado. Ella ni lo advierte, sigue metida en la charla, que cambia de rumbo.

—¿Qué sentiste en tu último partido (en dobles en Bangkok) en el circuito? ¿Te emocionaste?

—Dentro de la cancha no, quizá porque no me había dado cuenta. Pero cuando llegué al hotel, recordé todos los momentos que viví gracias a este deporte y sí, me emocioné bastante.

—¿Cuál fue el momento más importante de tu carrera?

—Sin dudas, participar del desfile de los Juegos de Atenas, toda la gente se paraba a aplaudirnos.
Encima, al lado tenía a tipos como Ginóbili, fue increíble.

—¿Y el más duro?

—El descenso en la Copa Fed, este año, contra Canadá. De bronca, lloré durante toda una semana, me sentía responsable.

Veinte minutos después del primer sorbo, termina el café, que a esa altura debía estar helado. Antes de irse, pide que se resalte la palabra lucha, bandera durante su carrera: "Siempre luché. Tuve muchas lesiones, pero salí. Dejé todo por el tenis, me entregué al máximo". Si eso no es luchar...


Fuente: Olé.