En la usual columna del SeptimoGame escrita por Guillermo Caporaletti se encuentra lo siguiente. Se los dejo para que disfruten de un sabio del tenis, no solamente juega y muy bien sino que también esta sumamente informado.

Carlos Costa, manager de David, me decía estos días en París: "Nalbandian hizo un click después de ganar en Shanghai, se dio cuenta que es bueno de verdad".
Esas palabras del español reflejan claramente la realidad del cordobés. Ese éxito en China le abrió la cabeza. Se dio cuenta que su tenis podía crecer. Ese talento tan especial para manejar los partidos; las situaciones difíciles; comprometidas. Nalbandian tiene y sabe como hacerlo. Posee clase para jugar. No muchos la tienen hoy en día en el circuito profesional.
El cordobés desplegó todo lo que sabe las dos semanas en Roland Garros. Sólo un músculo abdominal lo privó de continuar la semifinal contra Roger Federer. Una lástima porque estaba haciendo un gran partido. Un planteo super inteligente lo llevó a tener una ventaja de un set y medio, ante la sorpresa del propio Federer. Es cierto que el suizo cometía errores, pero muchos de ellos fueron por mérito del argentino, quien le jugaba a su revés con notables ángulos cortos y después lo abría al drive para que el número uno del mundo pegara corriendo. Funcionó a las mil maravillas la táctica hasta que un tirón lo frenó. Fue una sensación extraña, dolorosa. En poco tiempo nos quedamos sin nada.
A pesar de la derrota, del abandono y de su dolor, Nalbandian tiene que estar muy tranquilo. Demostró que está entre los cuatro mejores del mundo. Comprobó que su tenis es respetado por todo el mundo y valorado por toda la prensa internacional. Está en lo más alto y puede seguir creciendo. Su motivación aumenta en los Grand Slam. Ahora se viene Wimbledon. Allá vamos. El pasto no es solamente para las vacas...